Jos, entre el cielo y el infierno

Publicado en Folha de Sao Paulo

Sobre una meseta ubicada en el centro de Nigeria donde converge el norte de mayoría musulmana y el sur principalmente cristiano, a más de 1.200 metro sobre el nivel del mar y con un clima envidiable se encuentra la “ciudad de la paz y el turismo”. Jos, la capital del estado de Plateau con un millón de habitantes dividida de forma pareja entre musulmanes y cristianos ha sido desde su fundación hace un siglo un centro de atracción, pero en la última década el conflicto entre ambas comunidades ha convertido la ciudad en un infierno.

Mientras en los años 80’ y 90’ los conflictos religiosos emergían en diferentes ciudades del norte, la cosmopolita Jos vivía en paz. Sin embargo la exclusión de los musulmanes por parte del Gobierno estatal y el temor cristiano a ser islamizado por una población musulmana en expansión fomentaron las rivalidades que en setiembre del año 2001 desembocaron en el primer episodio de violencia que luego se esparció hacia el resto del estado. Desde entonces las masacres y los asesinatos encubiertos han dejado miles de muertos en el país más poblado de África.

Hassan Na’Ungo de 40 años afirma que “Jos es el peor lugar para vivir”. Su condición de Fulani, -pueblo musulmán del norte- y cristiano por conversión le ha dejado fuera de la nueva configuración social y lo ha convertido en un potencial enemigo de todos.

“Alguien dijo que Nigeria no está preparada para ser una nación”, dice y es que la clave del conflicto es la propiedad histórica de la tierra. Constitucionalmente los nigerianos no tienen los mismos derechos en todo el territorio sino que son los nativos de cada localidad quienes tienen prioridad para  acceder al trabajo, al estudio y a la infraestructura.

La apertura democrática en el año 1999 trajo un cambio en el poder político con inclinación hacia la comunidad indígena cristiana, debilitando y marginando a los inmigrantes y en particular a los musulmanes lo que desembocó en la crisis del año 2001 y que se repitió en el 2002, 2008 y 2010.

En una oscura oficina de la Mezquita Central, el portavoz Umar Faruk afirma que “el gobierno es el mayor problema”. El sistema político ha sido determinante en la crisis y “no ha sabido manejar la situación social”. Cientos de civiles han sido asesinadas por fuerzas del orden, “el sistema ha colapsado completamente”, dice el profesor en Leyes de la Universidad de Jos, Solomon Oaluang.

La tención y el miedo son palpables en las militarizadas calles de Jos y los bares y tenderos que hasta hace unos años alegraban las noches de la “ciudad de la paz y del turismo” hoy mueren con la caída del sol. La sociedad está dividida y “los niños están siendo adoctrinados”, afirma el Obispo Kagame. “El odio esta inyectado en el sistema”.

Una ciudad dividida

El pasado 24 de diciembre, “la navidad negra” como le llaman los cristianos, una serie de explosiones en un área cristianas dio inicio a la última crisis que desembocó en una masacre donde se estima murieron más de 1000 personas.

“Si hubiésemos salido cinco minutos antes estaríamos muertos” dice Danladi de 39 años. A las siete de la tarde cuando Dan y Jonathan subían al coche para ir a un bar del barrio de Aungrukba escucharon la primer detonación, luego la segunda y la tercera. “Cuando llegamos había cuerpos destrozados, uno era vecino mío” dice Jonathan de 34 años.

Al día siguiente empezó la masacre, “la gente paraba los coches y si eran musulmanes los quemaban”. Los enfrentamientos se dispersaron rápidamente y “la ciudad se convirtió en una batalla” que duró cuatro días con cientos de casa y varias mezquitas e iglesias destruidas.

“La policía mató a tres de mis primos”, afirma el portavoz del la Mezquita central Umar Faruk. Auwalu tenía 33 años y le dispararon en el mercado, a Rabiu de 28 le dispararon desde un vehículo frente a su casa y a Sani de 40 cuando cerraba su negocio. Inclusive 30 personas fueron asesinadas dentro de la mezquita.

Además de la brutalidad de las fuerzas de seguridad, civiles disfrazada de policías y soldada penetraban en las zonas más profunda para acecinar impunemente. Ahora “la gente ya no confía en nadie” afirma Faruk.

A causa del miedo Jos ha sufrido una reestructura social que ha separado a musulmanes y cristianos. “La gente pierda sus casas y sus negocios para realojarse” y las parejas mixtas se tienen que separar, dice el profesor Solomon Oaluang. “Parece increíble que hace diez años compartiéramos festividades religiosas”.

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