Otro muro contra la inmigración

Publicado en Revista Seisgrados, El Observador

REPORTAJE INTERNACIONAL-1

A través de la frontera entre Grecia y Turquía ingresaba, hasta mediados del año pasado, la mayor parte de la inmigración ilegal a la Unión Europea. Pero la construcción de una valla de 12km de largo, enmarcada dentro de la “Operación Escudo”, ha obligado a miles de personas a buscar nuevas vías de ingreso al primer mundo.

Las verdes aguas del río Evros brotan en algún lugar de Bulgaria y serpentean entre las montañas balcánicas para convertirse, 200km antes de desembocar en el Mar Egeo, en el límite entre la nación helénica y Turquía. Este es el último obstáculo que, hasta hace algunos meses, miles de inmigrantes que escapaban a la guerra y la pobreza debían sortear para llegar a la Unión Europea. Pero el torrente de sin papeles de los últimos años, tras el bloqueo de las rutas tradicionales de las corrientes migratorias a través de Italia y España, terminaron por saturar a una Grecia devastada económicamente y desbordada por la inmigración ilegal.

Durante el año 2010, solo en la región fronteriza de Evros, la policía griega arrestó a 36.000 personas que habían ingresado al país de forma ilegal. «La situación estaba fuera de control», asegura Giorgos Salamangas, jefe de policía de la región de Evros y coordinador de la “Operación Escudo”. La implementación de una misión especial al año siguiente logró un descenso del 20% en las detenciones, pero durante la primera mitad del 2012 las cifras volvieron a dispararse, duplicándose el numero de detenciones del año anterior.

Miles de hombres, mujeres y niños cruzaban la frontera por la noche, guiados por traficantes de inmigrantes que les obligaban a cruzar el río en precarios botes inflables o simplemente les abandonaban en los campos dejándoles a la deriva. Gente que recorría miles de quilómetros, a veces a pie, provenientes de países tan lejanos como Senegal, Eritrea, Irak, Siria o Pakistán en busca de un futuro mejor. Unas 130.000 personas, equivalentes al 80% de la inmigración ilegal de la Unión Europea, ingresaban cada año a través de esa estrecha franja limítrofe.

Con el fin de frenar la avalancha de inmigrantes, la Policía Griega y la agencia europea para la gestión de fronteras (Frontex), iniciaron en agosto del año pasado la “Operación Escudo”. Mil ochocientos nuevos efectivos, tanto griegos como de diferentes países de la UE, reforzaron la policía local. Se mejoró el equipamiento técnico con cámaras térmicas de visión nocturna, y se incorporaron más vehículos y botes para aumentar el control a lo largo del río.

Pero el peligro de cruzar el Evros durante el invierno, cuando las aguas bajan enfurecidas desde las montañas y las temperaturas rozan el cero,  hicieron de los únicos 12,5km de frontera terrestre entre ambos países un embudo. Junto a la ciudad turca de Edirne, el río se mete en territorio turco y por allí se colaba mas del 60% de las personas. Por ello el gobierno se embarcó, a pesar del rechazo de algunos sectores internos y de la propia Unión Europea, en la construcción de una barrera metálica de cuatro metros de alto.

«Protegemos nuestras fronteras que también son las de la Unión Europea», afirmaba Salamangas a principios de setiembre desde su oficina en la comisaría de la localidad limítrofe de Orestiada, cuando el número de detenciones había bajado de 400 a unas 10 diarias. La “Operación Escudo”, desarrollada en la región de Evros sin embargo no es una misión aislada, es parte de una más amplia conocida como “Operación Xenios Zeus”. Además de bloquear las fronteras, la policía lanzó una campaña anti-inmigrante que derivó en redadas en todo el país con la detención de miles de indocumentados y cientos de personas deportadas. Acomodándose en el asiento de su oficina, el jefe de la policía sentenciaba: «No pararemos hasta blindar la frontera».

«A mi las murallas no me gustan», decía Stamatis, el dueño de un bar de Sufly, un diminuto pueblo fronterizo por el que cada noche pasaban decenas de inmigrantes en su peregrinación hacia Atenas y Europa. «A veces les ayudamos dándoles comida o ropa», decía y asegura que no ha tenido problemas con ellos mas allá de algunos roces. Pero desde la barra de su bar este griego afirma que se ha llegado al límite. «¡Ya es suficiente! ¿Que dirías tú si en tu país entraran así?». A pocas semanas de iniciado el operativo, el número de extranjeros que pasaban por su pueblo había descendido radicalmente. «Se ve que la misión ha sido efectiva porque ahora no se ve ni un inmigrante», agregaba.

Los grupos de indocumentados marchando junto a las carreteras o esperando en las estaciones los trenes en dirección a Atenas han desaparecido. Ahora se ven camionetas de la policía escondidas bajo los árboles junto a las carreteras o recorriendo los caminos secundarios rastrillando los campos. Y los únicos sin papeles visibles en la región de Evros son los que asoman a través de las rejas de los centros de detención. Establecimientos que atrajeron la atención mundial en los últimos años por sus deplorables condiciones de reclusión.

Cuando en el año 2010 el número de detenidos alcanzó su punto máximo, el gobierno adoptó medidas con el fin de desalentar la inmigración ilegal. Se extendieron los períodos de detención y como consecuencia, los ya atestados centros se deterioraron aún más hasta que ACNUR declaró la situación de crisis humanitaria.

Por uno de estos centros pasó Malik, uno de los tres senegaleses que descansan sentados junto a una mesa de un bar de Kastanies, el pueblo junto al puesto fronterizo norte, uno de los dos que hay entre ambos países. «Llevo cuatro años trabajando en Grecia y tengo papeles», se apura a aclarar este hombre de unos 40 años. Y es que los únicos inmigrantes que se dejaban ver por las calles a mediados de setiembre tras el inicio de las operaciones tenían permiso de trabajo.

«La crisis y el racismo han complicado las cosas», decía Malik quien acaba de fracasar en su intento por entrar legalmente en Turquía con sus amigos. Ahora el problema de estos tres inmigrantes que llevan años trabajando en las plantaciones griegas de olivas es volver a Turquía por lo que tendrán que volver a cruzar el río.

Durante los meses de verano, cuando el caudal del Evros disminuye, en algunas partes se lo puede cruzar caminando y es entonces cuando la mayor parte  de los indocumentados se arriesgan a cruzarlo. Pero el río es traicionero y puede convertirse en una trampa mortal para los inmigrantes que llegan a las puertas de Europa debilitados por la travesía. Solo durante el mes de agosto del 2011 murieron 47 personas intentando cruzar el río según el médico forense de la zona.

A siete meses del inicio de la “Operación Escudo”, la inmigración a través de esta frontera ha bajado un 95%. «En julio unos 6.500 inmigrantes ilegales pasaron la frontera. En agosto, fueron 1.800, en setiembre 71, en octubre sólo 26 y ahora no la está cruzando nadie», comentaba un observador de la UE a fines del año pasado.

Pero la inmigración es como el agua y los obstáculos no hacen mas que desviar su recorrido. Desde agosto la inmigración ha empezado a aumentar a través de Bulgaria y la guardia costera griega que patrulla las aguas del mar Egeo aumentó el numero de detenciones en un 1.500% en islas como Samos, Symi, Lesvos y Farmaconisi. Se registraron unos 1.900 arrestos desde agosto hasta finales de noviembre, cuando durante todo el 2011 se habían detenido solo a 125 personas.

En setiembre, al mes de iniciada la operación que bloqueó el ingreso por el río Evros, 61 personas, entre las que se encontraban 30 niños, desaparecieron en las cristalinas aguas del mar Egeo. El barco en el que viajaban mayoritariamente sirios que huían de la guerra naufragó frente a la costa turca. Mas y mas victimas anónimas que antes morían intentando cruzar un río, ahora mueren intentando cruzar un mar.

La noche del 25 de junio del 2010, veintidós inmigrantes murieron al intentar cruzar el Evros. A esa altura el gobierno ya había decidido empezar a enterrar a los emigrantes en los cementerios de las villas musulmanas de la zona, debido a que la mayoría de las víctimas habían profesado esa religión. Los 16 cadáveres encontrados días mas tarde sobre las márgenes del río fueron trasladados, tras pasar por el forense, a Sidiro, una diminuta aldea de griegos musulmanes perdida entre las montañas. El Muftí de la zona, como se conoce al especialista encargado de interpretar los textos sagrados, recibió los 16 ataúdes y decidió enterrarlos en una colina en las afueras del pueblo para no desbordar el cementerio local. Y así surgió el cementerio de los sin papeles.

«Aquí hay 300 hombres, mujeres y niños de los 400 que han sido encontrados muertos tras intentar cruzar el río», se lamentaba Mehmet Serif, luego de rezar por las cientos de víctimas que habían perdido la vida en busca de un futuro mejor. «¡Mira el mundo que estamos creando!». Y mientras recorría los interminables montones de tierra, el sol se escondía por detrás de las montañas.

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