África se enchufa

Publicado en El Periódico de Catalunya  (multimedia)

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Elías Aronteti es un sastre de más de sesenta años que ha vivido toda su vida a unas decenas de quilómetros del Kilimanjaro, la montaña más alta de África. En su pequeña aldea al norte de Tanzania aún no ha llegado la red eléctrica, como en la mayor parte de las áreas rurales de la África subsahariana. Sin embargo, desde hace menos de un año, Elías no solamente puede seguir trabajando como sastre, sino que se ha expandido y ha abierto una peluquería junto a su taller. Todo ello gracias al panel solar que se encuentra sobre el techo de chapa de su casa. “Soy una persona mayor y para mí habría sido imposible trabajar sin energía eléctrica. La energía solar ha cambiado mi vida”, afirma orgulloso Elías desde el porche de su casa. Pero la innovación que realmente ha permitido cambiar la vida de Elías y de millones de personas en África en los últimos años ha sido el móvil, gracias al cual ahora se pueden pagar servicios básicos como la electricidad y el agua.

La entrada al siglo XXI trajo consigo un cambio provocado por el desarrollo tecnológico. El ecosistema móvil ha sido en estos años una importante fuente de innovación y el teléfono se ha convertido en una plataforma y una ventana al mundo. Lentamente, África comienza a conectarse gracias a una generación de líderes que impulsan la innovación tecnológica para mejorar la calidad de vida en el continente.

En el 2013, la industria del móvil contribuyó en un 5,4% al PIB de la región y empleó a 2,4 millones de personas, al tiempo que nuevos laboratorios tecnológicos están dando lugar a aplicaciones, servicios y tecnologías nativas. Pero, ¿cuál ha sido la clave para este impulso en el desarrollo tecnológico en el África subsahariana?

 

Entorno propicio

La palanca del éxito en el desarrollo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) es la creación de un entorno propicio. En África las políticas de liberalización del mercado de telecomunicaciones comenzaron más tarde que en el resto del mundo debido a que «el equilibrio entre el sector público y privado no siempre está equilibrado», afirma Michuki Mwangi, gerente de Internet Society para África. A este hecho se suma la carencia de una sociedad civil fuerte y una academia sólida, instituciones fundamentales para impulsar el sector.

Hacia el año 2000, en Kenia se generaron condiciones para que el Gobierno y el sector privado se comprometieran a desarrollar las nuevas políticas y, gracias a esta regulación, el país ha liderado el desarrollo tecnológico de África. «En el este del continente es donde se está dando el mayor desarrollo tecnológico», explica Bitange Ndemo, exsecretario para las Comunicaciones del país, que tuvo un papel importante en la transformación tecnológica del país.

 

Penetración irregular

Sin embargo, la incorporación de las TIC en el continente es muy irregular, ya que aún hay muchos países que no cuentan con regulaciones propicias. «Queremos crear un mercado competitivo», afirma Sonia Jorge, directora de A4AI (The Alliance for Affordable Internet). Por ello, esta organización colabora con diferentes países en la mediación entre las partes para crear reformas y en los últimos años varios estados han avanzado hacia sistemas más abiertos.

En el África subsahariana gran parte de las personas no están conectadas a la red eléctrica ni tienen acceso al agua, pero cuentan con móvil. Con más de 330 millones de usuarios y una penetración del 38%, en los últimos años África ha sido la región de mayor crecimiento gracias a que los segmentos de menos ingresos han podido acceder a servicios móviles, lo que refleja una mayor competencia y asequibilidad.

Sin embargo, según GSMA, a pesar de la asociación de operadores y empresas desarrolladoras del sistema GSM, la penetración sigue siendo la más baja del mundo. No obstante, el impacto de la tecnología es indiscutible y «la industria del móvil está teniendo un efecto transformador en el desarrollo económico y social», afirma Michael Nique, gerente de innovación de GSMA.

Agogo es una pequeña ciudad a pocos quilómetro de Kumasi, la segunda ciudad de Ghana en el centro del país. Allí, se encuentra la agencia “Only Jesus”, proovedora de servicios móviles y banca inteligente. Reparado del sol en el porche de la agencia Chaska Wambachy, espera su turno para enviarle dinero a su hermano en el otro extremo del país. Tras entregar el efectivo al empleado, espera el SMS de la compañía telefónica MTN que le confirme la transferencia. “Es muy sencillo enviar dinero con dinero móvil”, afirma Chaska mientras su hija corretea por la calle polvorienta.

Como en el resto del mundo, en Áfricá el móvil surgió como un medio para comunicarse; sin embargo, con el tiempo se ha convertido en una plataforma que permitió la creación de otros servicios. Así surgió el Mobile Money o dinero móvil, la mayor revolución tecnológica africana. En menos de una década este servicio ha transformado la lógica financiera de Kenia, país donde fue creado, y se está expandiendo hacia otros países del continente y el mundo.

El dinero móvil es un servicio de pago operado a través de un móvil en el que, en lugar de pagar en efectivo o con cheque o tarjetas, el cliente utiliza su teléfono. Especialmente en el este de África, se están convirtiendo en la manera de pago más común, ya que es un sistema particularmente útil en países donde gran parte de la población trabaja en ciudades y envía dinero a sus familias en zonas rurales. Actualmente, «100 millones de personas usan dinero móvil en el mundo: 40 millones están en África y 26 en Kenia», afirma Johan de Lange, director de Mobile Transactional Services.

M-Pesa, la fusión de las palabras móvil y pesa, dinero en swahili, es la mayor historia de éxito tecnológico africano. Creado en el 2007 por Safaricom, adquirida luego por Vodafone, M-Pesa permite a sus usuarios depositar dinero en una cuenta almacenada en sus teléfonos ingresando el efectivo en uno de los 40.000 agentes. De esta manera el cliente puede enviar saldos por medio de SMS a otros usuarios o vendedores. Que este servicio sea un éxito, se evidencia en la infinidad de carteles que tapizan la ciudad.

 

Servicios agrícolas

El alto coste de envío de dinero, el monopolio de Safaricom y, sobre todo, la experimentación fueron los motivos que permitieron el desarrollo del dinero móvil en Kenia. «Cuando se lanzó M-Pesa, Kenia era un mercado sin regulación, por lo que el producto fue moldeado por el mismo mercado. Esa fue la razón de su éxito», afirma Johan de Lange. En el oeste de África, a diferencia del este, el proceso fue mucho más formal, ya que los bancos centrales tomaron el control, lo que se tradujo en un menor desarrollo.

A tecnologías como el dinero móvil y el SMS se ha sumando el M2M, un sistema que permite la transferencia de datos, y el desarrollo del sistema de pago Pay-as-you-go, con el que se puede abonar cualquier tipo de servicio, desde el lugar más remoto, con un teléfono.

Otra tecnología desarrollada a través del móvil es el M-Agriculture, que se basa en el envío de información y servicios agrícolas a comunidades rurales. Si bien se trata de un concepto incipiente, la experiencia de empresas como Farmerline o Esoko, dos start-ups nacidas en Ghana, sugiere que estas aplicaciones pueden transformar las zonas rurales a largo plazo.

«Implementar una tecnología es muy difícil. Hay que ser un sociólogo más que un tecnólogo», afirma el galés Mark Davies, director de ESOKO. A pesar de los avances, en África el mayor impacto está por venir, ya que dos tercios de la población aún no cuentan con un móvil.

 

La apuesta por la energía solar

Aislada en medio de la sabana en los alrededores de Thika, en Kenia, en un paisaje azotado por el sol, se encuentra la chabola de chapa de Agnes Kereya. Con sus veinte años, Agnes dedica las horas del día a cuidar a sus hijos y a las cabras que pastorean en el redil junto a su casa de suelo de tierra. Adentro cuelga del techo de chapa una bombilla de Led alimentada por un panel solar. “Antes tenía que usar lámpara de queroseno. Ahora con M-Kopa tengo luz eléctrica y puedo cargar el móvil”, explica en swahili, el idioma más utilizado en el país.

En África, casi dos terceras partes de la población viven sin electricidad, y este es uno de los factores que más influyen en el subdesarrollo del continente. Sin embargo, hay algo de lo que África dispone de sobra: radiación solar. De hecho, la media de los países africanos es más alta que en otros continentes. Esto coloca a la energía solar en el centro del debate, porque se configura como una forma viable de llevar energía a casi cualquier lugar sin la necesidad de invertir en grandes infraestructuras.

Hace 10 años se empezó a investigar el desarrollo de los sistemas de energía solar para viviendas. El programa Lighting Africa, patrocinado por el Banco Mundial, empezó a fomentar que las instituciones financieras impulsaran su uso en los consumidores rurales. Sin embargo, en el 2006 el precio de los equipos domésticos oscilaba sobre 500 dólares, un coste demasiado alto para la base de la pirámide social.

«Hace cinco años un watt costaba dos dólares, ahora con un panel de calidad cuesta menos de uno», explica Itotia Njagi, gerente de Lighting Africa. Con los años se bajó la capacidad de las baterías, con lo que se redujo el precio de los aparatos y así se hizo más asequible. Si bien el abaratamiento y la mayor eficiencia ha si- do clave, lo que económicamente ha consolidado el acceso a la energía solar ha sido la introducción de un modelo de negocio innovador. La tecnología Pay-as-you-go ha significado una solución al cobro de microcréditos: el reto en África no es solo de asequibilidad, sino de proporcionar sistemas de pago que se ajusten a las necesidades de la gente. Pero para cerrar el círculo de la accesibilidad hacía falta un último componente: sencillez. El concepto Plug-and-play se basa en la simplicidad a la hora de usar un producto en el que no se requiere configuración ni un técnico para su instalación. En el caso de los sistemas solares se coloca el panel en el techo y se enchufa con un cable a la batería. Luego se conectan las luces o los teléfonos a la batería.

Desde el 2009 estos sistemas han experimentado un crecimiento espectacular, con un aumento anual de las ventas del 95%. El mercado se sigue desarrollando rápidamente gracias a la llegada de nuevas empresas. Actualmente, unos 7 millones de personas cuentan ya con energía solar y, para el 2030, se espera alcanzar los 250 millones.

En África, Kenia es el mercado de mayor crecimiento y es el hub del continente gracias a la existencia del dinero móvil. Por ello, no es extraño que los creadores de M-Pesa hayan fundado también M-Kopa, el

mayor proveedor de sistemas solares familiares del continente.

Sin embargo, al igual que el dinero móvil, el sector de la energía solar también necesita de un mercado competitivo. Y mientras que en la mayoría de los países del este no pa- ga impuestos, en el oeste la carga oscila entre el 22% y el 33%. La energía solar es una alternativa real, y si bien actualmente la red eléctrica proporciona mucha más energía que la que puede generar el sol, podrían pasar 30 años para que cientos de millones de personas tuvieran acceso a la electricidad. Por ello, «aunque la conexión a la red se hiciera en los próximos dos años, la energía solar podría reducir la brecha al menos durante este tiempo», dice Itotia Njagi.

Ventana al mundo

En África el móvil ha evolucionado rápidamente, pero no ha pasado lo mismo con el acceso a internet. Con 170 millones de usuarios, su pene- tración es del 18%, cuando el promedio global oscila sobre el 40%. «Mu- chos países lo están entendiendo y empieza a verse un compromiso. No solo una visión más clara, sino una idea de integración con los demás sectores», sostiene Sonia Jorge, di- rectora de A4AI. Se trata de un proceso positivo pero lento en la mayoría de los casos.

Además, gran parte de los países generan pocos profesionales, ya que se centran en el consumo de tecnología pero no en la producción, que es lo que construye la economía. «África no está cambiando igual de rápido que el resto del mundo, y la brecha si- gue aumentando», declara Nii Quaynor, presidente de la Agencia Nacional de TI de Ghana y conocido como el «padre de internet» en África.

 

Conexión internacional

Ubicado en el edificio Bishop Magua Center de Nairobi, que concentra una gran cantidad de empresas tecnológicas de Kenia, se encuentra iHub, el hub tecnológico más importante del país y uno de los más relevantes del continente. Desde su fundación, hace cinco años, este emprendimiento ha atraído a más de 14.000 miembros y ha creado más de 150 empresas y 1.000 puestos de trabajo. La luz que penetra por los ventanales que se abren a la ciudad ilumina las espaciosas salas, donde decenas de geeks tienen la mirada fija en las pantallas de sus ordenadores. Una imagen cada vez más común en las grande urbes subsaharianas.

Hasta el 2009, la forma de conectarse con el mundo era por satélite, muy cara y de poca capacidad, pero las nuevas conexiones submarinas significaron un incremento notable de la capacidad de transmisión de datos reduciendo tiempo y costes. Ahora hay 16 cables submarinos que conectan a África con América, Europa y Asia, y la conectividad internacional ya no es un problema.

«La penetración se da en áreas urbanas, pero el problema es la distribución dentro de los países», debido a la falta de infraestructuras, afirma Meoli Kashorda, director de KENET (Red de Educación de Kenia). Tradicionalmente, en el África subsahariana los Gobiernos han dejado las infraestructuras en manos del sector privado. Sin embargo, en los últimos tiempos hay un mayor compromiso y algunas administraciones están creando infraestructuras: los políticos son cada vez más conscientes de la relación directa entre el acceso a internet y el desarrollo socio-económico.

Un ejemplo es la existencia de unos 100 laboratorios tecnológicos en 28 países. Un auténtico movimiento panafricano de centros que fomentan la creación de productos y empresas innovadoras. Es una tendencia que se expande a la velocidad de un nuevo hub cada dos semanas.

Este crecimiento es consecuencia del desarrollo de internet, que actúa como una manguera de irrigación. Allí donde llega el cable de fibra óptica crecen hubs como la hierba y cambian los ecosistemas locales. Pero donde no llega, la tierra permanece seca y no produce nada. Por ello las zonas verdes, al igual que internet, se concentran en las urbes de la costa.

África está avanzando hacia una mayor conectividad, los precios están bajando y el consumo de internet sigue aumentando. La red ya es parte de la vida cotidiana en los centros urbanos del África subsahariana. Sin embargo, la mayoría de la población vive en zonas rurales.

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